La importancia de la Cadera en la Sedestación Pediátrica

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Francesc Octavio Mata,
Técnico Ortopédico
Director de ECOT, Estudios Clínicos en Ortopedia Técnica

Introducción

La cadera es un segmento anatómico que tiene una importancia transcendental en el desarrollo de la postura sedente en pacientes con parálisis cerebral y otras afectaciones neurológicas centrales. Tanto es así que en general podríamos decir que la mayoría de desalineaciones pélvicas e incluso posteriores posturas escolióticas pueden sobrevenir causadas por la presencia de inestabilidades del fulcro articular.
En el presente artículo vamos a intentar desgranar el proceso mediante el cual se producen estas desalineaciones y las herramientas que podemos aplicar para su control, así como técnicas básicas de valoración anatómica.
Del éxito del posicionamiento en etapas prematuras dependen el futuro desarrollo de posturas patológicas de consecuencias muy graves.

Principales factores a tener en cuenta

En la valoración de una cadera inestable pediátrica (es decir, en desarrollo), debemos tener en cuenta varios factores de gran relevancia para posicionar la misma en una correcta posición. En el ámbito clínico, existen algunos mitos relacionados con el posicionamiento que no son siempre correctos.
En principio, la cabeza femoral sufre un proceso de modificación de su morfología a lo largo del crecimiento, que le hace pasar de su forma intrauterina de coxa valga y antetorsión femoral, a una cadera más normalizada en cuanto a estos dos grados. Por tanto es importante valorar los distintos planos para poder determinar el nivel de gravedad de la afectación.
Al mismo tiempo, el acetábulo y la misma pelvis, (el hueso ilíaco) pueden presentar alteraciones, tanto en su morfología del desarrollo (displasias) como en su orientación (ante o retro versión acetabulares) que pueden condicionar la posición y la integridad de la articulación.
En cuanto a la valoración biomecánica de la cadera y la pelvis es importante valorar en primer lugar, las asimetrías entre los huesos ilíacos de ambos hemicuerpos, así como la forma de ambas cabezas femorales y los cuellos quirúrgico y anatómico, así como el enfoque de los ejes óseos. La finalidad es la de detectar algunas afectaciones que pasamos a definir:

 

    • Displasia acetabular, definida como la falta de generación de tejido óseo allí donde debería haberlo, y que principalmente se manifiesta en la región superior del acetábulo (la zona del “sombrero” acetabular supero medial). En este sentido necesitaremos de un estudio radiológico para confirmar la existencia de esa inestabilidad, y dependiendo de la edad tendrá una gravedad u otra, así como a la dimensión de la displasia.

 

    •  Posición pélvica, referente al comportamiento hemipélvico que afecta a la orientación del acetábulo, tanto en el plano sagital como en el coronal y que puede llegar a variar las zonas de riesgo e incluso el tipo de luxación (anterior o posterior).

 

    • Enfoque sagital acetabular, referido a si existe anteversión o retroversión del acetábulo, que condiciona igualmente la limitación de la flexión o extensión de cadera y que a su vez condiciona el riesgo anterior o posterior de la cadera.

 

    • Torsión femoral, referido a la cabeza del fémur y que afecta normalmente la anteriorización de la cabeza por persistencia del enfoque intrauterino, como apuntábamos antes. En este sentido, la afectación y el enfoque de la postura de la cadera afecta al plano transverso.

 

    • Ángulo coronal de la cabeza femoral, definiendo dos situaciones “patológicas” posibles: coxa vara o coxa valga, y que pone en inestabilidad al a cadera en posiciones coronales de cadera como la abducción o la adducción.

 

    • Tensiones musculares de acción luxante, especialmente posterior, como son los músculos adductores, los músculos flexores de cadera (conviene recordar que algunos músculos en posición de flexión de cadera como es la postura sedente, se convierten en flexores solo en esa posición).

 

Parámetros a valorar

Como hemos dicho, la valoración debe basarse en términos radiológicos, aunque hay algunos que se pueden recoger de forma clínica y exploración física:

  • Displasia de cadera, referido a la falta de recubrimiento lateral superior de la cabeza femoral, por tanto, a la inestabilidad de la cadera global. Para ello existe un ángulo que es el ángulo acetabular coronal, que se acepta como normal con 30 grados, y que se considera en riesgo o displásico a medida que nos alejamos en sentido creciente de ese valor.

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  • Ángulo coxal coronal, en el que valoramos el ángulo de la cabeza del fémur en el plano frontal, y que nos va a definir la capacidad del paciente para adducir o abducir la cadera sin poner en riesgo la articulación, este valor se debe tener muy en cuenta, especialmente en pacientes en los que tengamos otras afectaciones radiológicas y necesitemos posicionar con estos movimientos, ya que podríamos estar forzando sin quererlo una situación inestabilizante.

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  • Ángulo de torsión del fémur, mediante exploración física, aplicando un sencillo test como el de Stahelli, que nos permite deducir de forma bastante aproximada el ángulo que forma el eje de la cabeza femoral, respecto al eje medio lateral.

 

  • Anteversión o retroversión acetabular, en el que valoramos radiológicamente el nivel de cobertura anterior o posterior del acetábulo respecto a la cabeza del fémur. Este valor puede tener que ver con la posición hemipélvica y con la desalineación del propio acetábulo, por lo que es importante valorar los valores relativos entre unos y otros.

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  • Porcentaje de migración femoral. Valoraremos la cantidad de cabeza femoral descubierta, es decir, que se encuentra fuera del acetábulo en la parte lateral de la cadera, para ello medimos el ancho global de la cabeza y el ancho de cabeza que está debajo del acetábulo, para después sacar un porcentaje de la cantidad que está sin cubrir. Existe una serie de valores tipo que nos sirven de referencia para determinar si la cadera esta en riesgo.

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  • Valoración muscular para determinar el nivel de afectación, sobretodo en pacientes que presentan hipertonía en segmentos como adductores y flexores de cadera para establecer el nivel de riesgo y la necesidad o no de posicionar con mayor o menor tensión.

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Proceso patológico

El proceso que hemos observado en los últimos años en niños sedestados en los que no se han valorado todos estos parámetros, y que han acabado presentando alteraciones raquídeas, es que efectivamente han existido afectaciones de cadera que han condicionado esa evolución. A falta de evidencias científicas al respecto nos debemos referir a las evidencias clínicas de este proceso, que siempre han dado resultados parecidos.
Habitualmente el primer dispositivo para asegurar o estabilizar una cadera en los tiempo actuales por parte de los fisioterapeutas son los asientos de escayola, principalmente mediante la técnica de Metayer, y que se basan en la toma de un molde en decúbito prono en una postura flexionada de caderas y rodillas para tomar cómodamente el yeso. El resultado habitual es el de una postura retrovertida de pelvis, que suele estabilizar la parte posterior del acetábulo y con un grado de abducción de caderas determinado en función del nivel de afectación. En este sentido no se suele trabajar la rotación de la cabeza ni se tiene en cuenta muchas veces el nivel de flexión de la cadera.
En este sentido, la cadera se estabiliza, aunque hay pacientes que acaban luxándose. Las afectaciones en pacientes que reciben tratamiento con asientos de escayola es en casos de edades muy tempranas, generalmente no se suelen aplicar asientos para tratamiento de caderas por encima de los cuatro años, aunque puede estar indicado en algunos casos.
Cuando la luxación se produce a edades mayores, fruto de inestabilidades combinadas con movimientos involuntarios (como por ejemplo discinesias) o por hipertonías (como en el caso de espasticidades), asistimos a casos en los que la morfología ósea suele estar afectada, y por tanto podemos esperar ciertos riesgos ante determinadas posturas. Es aquí cuando es importante estabilizar bien el segmento para evitar una evolución futura.
Cuando se produce la luxación, obviamente se inestabiliza toda la cadera y normalmente se instaura una posición “en ráfaga”, en la que el lado luxado se adduce y se flexa en cadera y suele rotar interna, y el lado contrario se abduce y queda más extendido. La pelvis presenta entonces mayor apoyo en el lado no luxado, y por tanto una báscula frontal con caída de ese lado.
En esta situación el isquion que apoya más, obviamente, recibe mayor presión y acaba cediendo a la misma, con lo que acostumbra a presentar una posteriorización hemipélvica de ese lado, y en contra a ello, y por un movimiento compensatorio lógico, el lado luxado tiende a la anteriorización, ayudado por la descarga y por el flexo de cadera.
Este proceso que acabamos de describir es el principal desencadenante de una inestabilización en el plano transverso del sacro, que rota hacia el lado de apoyo y por tanto arrastra a rotar a L5 y al resto de la columna. Esa fase es decisiva para instaurar una posición escoliótica más global, que si no detenemos, va a acabar en una paciente con el que no tengamos más remedio que tratar con un sistema espumado, que suele tener un enfoque pasivo y estabilizador.

Sistemas de posicionamento

En general, el mundo del posicionamiento pediátrico nada debería tener que ver con el resto. En primer lugar, por el factor de las inestabilidades óseas que requieren mayor recogimiento y tratamiento, así como la activación muscular que se pretende conseguir. En este sentido, la silla debería ser un verdadero dispositivo terapéutico, y por tanto, los sistemas concebidos y creados para otros fines (como por ejemplo los cojines y respaldos creados para evitar las ulceras) no sirven para posicionar.
Debemos recordar que el concepto de posicionamiento se basa no sólo en alinear (porque no siempre debemos alinear) la cabeza con el centro de la pelvis, sino que se trata de prevenir patologías, tratar las ya existentes y potenciar las posibles acciones musculares que estén inhibidas (por eso un asiento espumado debería ser siempre la última opción, y además deberíamos trabajar mucho antes para intentar evitar a ello).
Para ello, distinguimos cuatro grandes grupos de sistemas de trabajo para posicionar en pediatría:

  • Asientos pélvicos, referidos habitualmente a asientos que estabilizan en fases precoces el segmento de la pelvis. Estos dispositivos se caracterizan porque son muy estables y se aplican básicamente para dos finalidades: La estabilización de la cadera de riesgo, y la activación muscular del segmento lumbar, especialmente el extensor (cuadrado lumbar).

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  • Sillas de ruedas adaptadas, en la actualidad está muy extendido aplicar una silla de ruedas que se adapta con cojines y sistemas de prevención de escaras para posicionar. Realmente estos dispositivos no son sistemas de posicionamiento, ya que para que un dispositivo sea posicionador en pediatría debemos poder hacer dos cosas fundamentalmente: reclinación del respaldo para que el terapeuta pueda variar el ángulo en función de la terapia y de las pautas dadas al paciente y basculación global.

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  • Sistemas de sedestación “activos” referente a sillas que tienen reclinación y basculación, pero que tienen capacidad de control en el plano coronal, sagital y transverso, así como de posicionamiento en abducción y adducción de caderas. Todo ello combinado permite un tratamiento más global del paciente que el que puede aportar un asiento pélvico, y por supuesto puede abordar el control cefálico con mucha mayor eficiencia. Estos asientos suelen poder aplicarse sobre diferentes chasis y lo habitual es que el reclinado lo aporte el asiento y la basculación la aporte el chasis.

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  • Shapes, o asientos espumados, que tal como hemos dicho serían la última de las alternativas, y que se basan en el principio de contacto total, entendiendo que si aplicamos contacto en toda la superficie de una estructura anatómica, disipamos las presiones y estabilizamos el conjunto, evitando que progrese o que aparezca discomfort. El principio está muy bien, pero casi nunca se tiene en cuenta la posición adecuada de la cadera en estos sistemas y ello provoca que en muchas ocasiones la espalda “se salga” de los espacios creados para ello (normalmente la gibosidad escapa desde el segmento pélvico por un efecto de “charnela” basado en la inestabilidad persistente en ese nivel).

Publicado en Artículos de Ortopedia #6 – 1r trimestre 2015

Más información:

estudiosortopedia.com

info@estudiosortopedia.com

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